Propuestas
sencillas
(carta
abierta a Enrique Peña Nieto)
Señor Presidente Constitucional
de los Estados Unidos Mexicanos:
de los Estados Unidos Mexicanos:
Quizás no necesite subrayar que el
ser humano es, aparte de una entidad biológica, un animal que habla, un animal
que se mantiene erguido porque posee el don de la palabra. Sin embargo, me es
imprescindible partir de esa evidencia para otorgarle una dimensión mayor a mis
palabras.
Las lenguas son vastos edificios de sonidos que las sociedades
humanas han levantado a lo largo de la historia y que sirven no sólo para
nombrar las cosas, sino que nos conceden la posibilidad de comprender este
inasible universo y de retener en la memoria algunos de sus hechos relevantes.
Las lenguas son imprescindibles para expresar hechos abstractos.
También para el
desarrollo de la sensibilidad y de la inteligencia. El ser humano que domina su
lenguaje, que es capaz de entender lo que lee, que sabe expresarse correctamente
cuando habla y cuando escribe, es un ser humano pleno, la clase de ciudadano que
nuestra nación necesita.
En este sentido, Confucio estableció que el primer deber de
todo gobernante consistía en rectificar los nombres y añadió: cuando los nombres
no son correctos, la lengua carece de objeto, los negocios no pueden ser
llevados a feliz término, las penas y los castigos no sirven de nada y el pueblo
no sabe hacer su trabajo. Aquello que se piensa, subrayó, se puede decir y lo
que se puede decir se puede hacer.
Establecido lo anterior, creo necesario decir que el asunto de
la lengua en la que nuestro pueblo se expresa no es un asunto menor. Por el
contrario, es y debe ser un asunto de Estado, asunto al que el Estado y la
sociedad civil deben conceder la mayor importancia. Cabe preguntar, ¿por qué
México carece de lengua oficial? Es necesario que, en apoyo de la defensa y del
desarrollo de las lenguas originarias de México, ya reconocidas en la
Constitución en su carácter de lenguas nacionales, se les otorgue, además, el
rango de oficiales en aquellas entidades federativas en las que sean habladas.
Junto con esa demanda justa, es necesario que nuestra lengua materna, la lengua
española, sea elevada al rango de lengua oficial. No es posible que México, el
primer país de la lengua española; aquel que tiene el mayor número de hablantes
del español en el mundo (uno de cada cuatro hablantes de la lengua española en
el mundo es mexicano), carezca de lengua oficial. El español lo habla el 95% de
nuestro pueblo, ya que en él se expresan también los pueblos amerindios. A
instancias de México, el español es una de las cinco lenguas oficiales de la
ONU y de la Unesco.
¿Por qué no le hemos otorgado el
mismo rango en el país? El Acta de la Independencia, la Constitución de la
República, las leyes que de ella se derivan, los libros de nuestros más grandes
escritores se han escrito en lengua española. ¿De dónde nace, pues, la
reticencia a reconocer en el derecho lo que está presente en los hechos, tercos,
sin duda alguna?
De este reconocimiento se pueden derivar otras acciones, de
importancia extrema, según creo. Pongo por caso, un número mayor en las horas de
lectura y de escritura en nuestras escuelas (de una a dos horas diariamente, por
lo menos), un énfasis superior en los estudios lingüísticos y literarios, una
elevación en la calidad y la cantidad de las editoriales mexicanas (que deben
abrirse a las tecnologías de la modernidad y utilizar los nuevos soportes
electrónicos, que benefician cada día a un creciente número de usuarios), en
fin, un aumento en la cantidad de librerías.
Las medidas podrían ser en extremo sencillas y de bajo impacto
económico. Por ejemplo, que toda adquisición de libros sea deducible de
impuestos, de igual modo como lo es la compra de automóviles (el impacto que
esto significaría en los ingresos fiscales sería mínimo). Que el libro de texto
gratuito guarde su condición, pero que se distribuya a través de librerías: se
multiplicarían así, estoy seguro, las librerías de barrio, a las que los padres
de familia acudirían a recibir esos libros y eventualmente a comprar los útiles
escolares (y libros de todo tipo, incluidos los que se hagan en soportes
electrónicos y no sólo en el soporte de papel).
México debe recuperar y aun elevar su presencia, su prestigio y
su imagen en el mundo. México es, por sobre todo, creador de una cultura de alto
nivel. Uno de sus patrimonios intangibles radica en su lengua. Como otras
naciones (Francia a través de la Alliance Française; Inglaterra del British
Council; Portugal del Instituto Camoês; Alemania del Goethe Institut; España del
Instituto Cervantes), México ha de crear el Instituto Alfonso Reyes para enseñar
el español mexicano (y la cultura del país) en al menos Estados Unidos, Canadá y
Brasil. Lo esencial es que México tenga ciudadanos y hombres creadores que sepan
innovar y formular problemas; capaces de hacer preguntas audaces por las cuales
enfrentemos sin temor los retos de la globalización en el siglo XXI. La tecnología nos libera de la esclavitud que nos
impone la naturaleza.
Nada mejor, para hacer de México una nación de hombres
libres, que el pleno dominio de su lengua.
Creo, Señor Presidente, que las sencillas medidas que aquí y
ahora he propuesto podrían propiciar, entre otras más, el desarrollo de la
sensibilidad y de la inteligencia de nuestro pueblo y concederle a México el
rango que debe ocupar entre las grandes naciones civilizadas del siglo XXI.
Muchas gracias.
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