Amigo Poeta de las calles de “Nombre de
Dios”, donde algunas tardes compartimos los humos y las frías cervezas de la época
caguamera, sorprendido hoy con la noticia de tu terrible deceso “dicen que
buscado” para consolidarte como poeta
maldito del norte de México, no lo sé si será cierto, lo que sí puedo decir es
que eras un poeta en plenitud de tus facultades poéticas irremplazables.
Sé que nos calaba el desierto y las laderas
de nuestro norte tarahumara, compartimos al Antonin Artaud, hasta
el cansancio para que se les reconociera que son un país que no merece vivir en
desgracia.
Para
no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaros sin
cesar! Con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa. Charles Baudelaire, uno de nuestros poetas “malditos”
favoritos, que seguramente estaríamos canturreando
en algún puente peatonal de nuestra nave de los locos…
Ya sabrás que se empezaran a ocupar de
hacerte algún homenaje que seguramente te presentaran en sociedad para decirte que los poetas son importantes y
trascendentes por el bien de la cultura, aunque se les olvide que el norte
siempre existe para bien de que no perdamos el rumbo, eres ya un personaje
memorable por la noticia de la nota
roja, que pocas veces leo por cierto y que infortunadamente se ocuparon más, que
darte a conocer más por tu mejor poema de
amar Samalayuca o Cíbola.
Maestro Rogelio Treviño, lamento que
haberte designado “emérito de las letras” no haya servido para darte una mejor
plaza que saberte arrinconado en una morgue, pero en fin, ya estás en la
historia Cultural Chihuahuense y por mi parte siempre estás en mi biblioteca y
los recuerdos de nuestras carcajadas zumbantes por el paseo bolívar o en algún paseo
de la liber…” Con afecto este breve recuento, con el que puedo atestiguar que
eres y serás poeta por toda la eternidad. Bendiciones desde la hermosa realidad
del desierto de Texas, donde ahora me toca deambular.
En
el desierto
Uno
siempre se baña
Más
de dos veces
En
el mismo frío.
“Heraclitiana”
Enrique Cortázar.
Por Jaime García
Chávez
La funesta muerte de Rogelio Treviño
trascendió el ámbito de los actores de nuestra inane vida cultural y tocó las
fibras más amplias de la sociedad. Su muerte y las condiciones en las que
sucedió se resintieron profundamente en la calle. Él era un hombre de nuestro
paisaje urbano. Errante por la noche prodigó su palabra de manera pertinaz y su
sonrisa. Bohemio –dirían algunos, en visión estrecha de este término–, pero
bohemio en su mejor sentido: el artista, que sin abandonar su proyecto y su
oficio –de los que se roen sus codos– traducido en obras, denuncia con su
existencia misma y a un mismo tiempo una sociedad en la que el arte y quienes
lo hacen son despreciados para ensalzar a los del poder político, mafioso,
eclesial, económico, que creen comprarlo todo con sus tentáculos para darse
cuenta que el alma de los artistas jamás les pertenecerá.
Por eso los poetas no surgen entre los ejecutivos
y los funcionarios adocenados, sino entre los imprudentes, los ermitaños, los
heréticos, los visionarios, los sediciosos y los escépticos, como lo
percibieron los poetas no oficiales de la antigua Unión Soviética. “¡Acaso no
es útil que de vez en cuando el poeta, el filósofo, agarren la felicidad
egoísta por los pelos y le digan, mientras le hunden el hocico en la sangre y
la basura: “¿Ves tus obras? ¡Pues bébetelas!”, se preguntó Baudelaire.
Reconozco que se puede hacer poesía en otras circunstancias, siempre haciéndose
cargo de que la línea en la que están los románticos, los malditos, los
rogelios treviños, los remigios córdobas y los chatos reyes, también existen.
Rogelio no fue leal a una sociedad y un
Estado vacíos porque si lo hubiera sido no habría fustigado ni se habría
burlado de la miseria que vio durante muchos años. Así mismo, el que podría ser
su desparpajo personal fue la denuncia simbolizaste de que las cosas van mal.
No paso por alto el que se pensará que esto ya es una polémica superada y que
ahora los poetas pueden ser profesionales, sin necesidad de estarse flagelando
como sucedió, pongamos por caso, a fines de la Bella Época europea. Lo que no
puedo olvidar es que poetas de esa estirpe, como Rogelio Treviño, siguen
apareciendo recurrentemente en una sociedad que los ve crecer, que los
galardona, que saben de su auto abandonó y simplemente espera verlos clavados
en una cruz invisible. Lo que menos podemos regatearle ahora al poeta muerto es
haber tomado la decisión de dirigir sus pasos por la vida y encontrar su propia
muerte.
En su boca siempre vi la buena burla del
poeta y la mirada escéptica. No presumo haber tenido una profunda amistad con
él pero en los encuentros efímeros y en la lectura de su obra, que parcialmente
publiqué en el semanario La Calle, creo adivinar que al igual que Rainer María
Rilke imploró: “¡Oh, señor!, da a cada uno su muerte propia. Una muerte que
derive de su vida, en la cual hubo amor, comprensión y desinterés”. La muerte
del poeta Rogelio Treviño aconteció en al abandono total. Varias semanas su
cadáver estuvo en la morgue sin que nadie lo reclamara. Antes visitó en vida
los paraísos artificiales descritos magistralmente por Charles Baudelaire, hizo
lo que le vino en gana, fue congruente con sus elecciones afectivas e
intelectuales y está en el elenco de los legendarios poetas malditos. La última
vez que platiqué con él fue en el primer aniversario de la muerte de Marisela
Escobedo; no se trata de una casualidad, se acercaba a ese lugar porque ahí
palpitaba la injusticia, el luto y el dolor humanos.
Es Nuestro Albatros.
Chihuahua no es un mar
(geológicamente lo fue hace millones de años) donde puedan volar estas aves,
pero de nada serviría esto para desmentir la comparación con la visión de
Baudelaire y su poema congregado en
Las flores del mal:
A
veces, por divertirse, los hombres de la tripulación
Capturan albatros, grandes pájaros del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al barco que se desliza sobre abismos
amargos.
Apenas los han situado en cubierta,
Esos reyes del éter, torpes y avergonzados,
Dejan piadosamente sus grandes alas blancas
Como remos colgar de sus flancos.
¡El gran viajero alado, ahora tontón y
apático!
¡Él, tan hermoso antes, ahora cómico y feo!
¡Uno irrita su pico con la pipa encendida,
Y el otro, renqueando, imita al volador que
anda!
El poeta es similar a ese príncipe de las
nubes
Que ríe de la tempestad y ríe del arquero;
Exilado en la tierra entre burdos silbidos
Sus alas de gigante le estorban en el
suelo.
¿Rogelio encarna al albatros?
Sí, en el sentido de que dígase lo que se
diga por la cultura convencial, y aun con la que mercadea el estado, continúa
en su batalla de censor de callar al poeta, de impedirle los medios materiales
para que su libertad se despliegue sin cortapisas.
Los
quiere atrapados en personajes que al simple cambio de sitio en la escala
social y política dejan de verse y ser considerados como lo que son: los
creadores de los mejores prismas para ver la realidad y más allá de la misma.
Imagino que Rogelio Treviño a la hora que terminó su vida había consagrado sus
últimas energías en desvanecerse, en convertirse en un ser profundamente humano
evanescente del que se pudo haber conocido su origen, su obra y no más. Una
simple nube.
Murió su propia muerte y el hallazgo de su cadáver no debe ser
oportunidad para darle otra que por convencional no deseó.
Quizá anhelaba que no se supiera dónde se
había desvanecido, dónde había terminado su vida de albatros.
Pero lo encontraron, lo identificaron, no tenía
la notoriedad de otros que los aparatos forenses registran por su nombre de
inmediato. A contrapelo de lo que sucedió con el poeta, cuando la notoriedad es
política o simplemente producto de la capacidad de hacer dinero, el gobierno se
vuelca en páginas y páginas de condolencias.
De Treviño el estado recuerda su
“arte sublime”, y pasa por alto que junto con la sociedad logró sacarlo de su
mundo, precisamente para que no se sintiera que era parte de este mundo. No lo
logró.
Mucha
tristeza deja la muerte del poeta. Él vivirá en sus libros, sus textos ya lo
trascienden y nos deja una herencia muy valiosa en esta coyuntura: sólo a
través de la cultura podremos superar la difícil circunstancia que padecemos.
Hasta luego, poeta.
Rogelio
Treviño escritor Chihuahuense.
El escritor chihuahuense, ha sido
reconocido por su larga trayectoria literaria y de creación poética. Es
calificado como uno de los grandes de la literatura chihuahuense, junto a
otros, entre los más destacados, Víctor Hugo Rascón Banda, José Vicente Anaya,
Ignacio Solares y Carlos Montemayor.
Entre las obras más influyentes tanto en
poesía como en narrativa, sobresalen: “Septentrión”, “Las Siete estrellas de la
Osa Menor”, “ La mujer que no fui”, “Luz de ámbar”, “Samalayuca”, “La dama
botella”, “Rapsodia para una dama de ladrillos” y “Ceugant: El caballero que se
venció a sí mismo”, por mencionar algunas.
La comunidad cultural de Chihuahua se
encuentra de luto al haber perdido a uno de sus mejores poetas, Rogelio Treviño
Montijo.
Treviño nació en la ciudad de Chihuahua el
30 de abril de 1953. Por su obra literaria recibió el Premio Chihuahua en
poesía 1992 con su libro ‘Septentrión. Las siete estrellas de la osa menor’ y
el Premio Chihuahua 1998 en el género de Novela con su obra ‘La mujer que no
fui’.
El trabajo realizado por Treviño se erige
dentro de una emblemática de una generación de escritores chihuahuenses que
surgieron en los años 60 como son Víctor Hugo Rascón Banda, José Vicente Anaya,
Ignacio Solares y Carlos Montemayor, chihuahuenses radicados en el Distrito
Federal, entre otros artistas que decidieron vivir en el estado como Jesús
Gardea, Enrique Cortázar, entre otros.
Fue conocido como el poeta inconquistable y
reconocido por su obra. Recibió varios premios nacionales y binacionales.
Rogelio Treviño Montijo fue designado como
“creador emérito” por su trayectoria de 40 años de producción literaria y el
reconocimiento de la comunidad artística y cultural del estado de Chihuahua.
Una anécdota cuenta que una mujer le
preguntó que¿Cuál
era la manera de enamorar a un poeta?, a lo que él contestó:
“para que una mujer
pueda enamorar a un poeta debe convertirse en poema.”
ROGELIO TREVIÑO. VOZ DEL SEPTENTRIÓN*** SE HA
VUELTO ESTRELLA.
Por Antonio (Toño) Muñoz
Luz blanca de la poesía y del dolor en
jueves. Rogelio Treviño el poeta magnético del
septentrión cósmico ha muerto de frio,… abandonado por días en la
morgue. Alguien dice que murió en la cárcel. Cierto o no cierto el rechazo de
la poesía por este mundo -y la elección amorosa de ella por Rogelio, sin
condiciones y a toda costa- estaba en su destino. Llamo a un amigo común y me
confirma su muerte. El Ichicult se encargará del entierro, le harán un homenaje
de cuerpo presente. Lilvia, que no lo conoció, me regala unas palabras de
consuelo. Me remite a la web de Jaime que dice: los poetas no surgen entre los
ejecutivos y los funcionarios adocenados, sino entre los imprudentes, los
ermitaños, los heréticos, los visionarios, los sediciosos y los escépticos. Entre
poetas consuelo. El tobogán de los recuerdos arranca de muy lejos y en el
desfilan el Chato, el Remi, el Lalo. Los que eligieron un estilo de vida …
¿“equivocado”?. Si no fuera por ellos
-por los que eligieron la luz, moneda hoy sin valor de cambio- nuestra
desgracia sería total y abrumadora.
Encontrar su poesía en el caos de la
biblioteca me revela los años luz que me he alejado de la fuente de la gracia.
Afortunadamente está “you tube” y
Rogelio Treviño habla de la génesis de su poema seminal, Septentrión.
Cinco shots bajo la invocación: “Entre luz de diosa blanca”. Gracias a los realizadores
de ese audio en cinco partes puedo encontrar el rumbo de la poesía, el andar de
Rogelio, los primeros versos de Septentrión: Subterráneo jardín…. De rosas vítreas…
Diálogo de espejos…. Los hilos de la luz tejen y destejen el canto… vidrio
inmenso del norte… sueños de luz… Como dice Treviño es el poema épico de esta
tierra y ya no podrá haber otro. El que venga tendrá que formase detrás de él.
Agrego yo. Detrás del Tarahumara que entona el Yúmar, que tiene la voz de
Cícuri. Voy a Samalayuca a despedirlo con esa luz de espejo del norte que marca
el rumbo de la poesía.
Antonio
Muñoz (Toño) ha sido un activista social y un académico comprometido con las
diversas luchas sociales que se han dado en Ciudad Juárez. En ese sentido, Juárez
Dialoga lo ha invitado a colaborar en reconocimiento a su trayectoria, y por
los aportes que desde su experiencia puede hacer para esta ciudad.
“La obra de Rogelio Treviño"
Carlos
Montemayor escribió: “La obra de Rogelio Treviño
(Chihuahua, 1953) es una piedra angular de nuestra poesía. Es una piedra
angular metafórica, simbólica, espiritual, verbal. Un testimonio de la
inteligencia, la voluntad, la ira, la humildad, el escepticismo, el dolor, la
lucidez, el desahogo: un grito silencioso, ígneo, proveniente del magma
profundo…”
“Su voz es un cruce de caminos -según
Montemayor-, de vidas: una totalidad que se pronuncia y detona en el más
sensible cartílago de la palabra luz o de la palabra mundo cuando ambas se
elevan con la yema de los dedos”.
Este volumen reúne la obra de uno de los
poetas cuya voz mantiene con salud el ejercicio de la poesía, desde Lámpara de
la piedra (1983) y Septentrión. Las siete estrellas de la Osa Menor (1987)
hasta Poema no humano para Cíbola (2005).
*** El
norte o septentrión (también llamado boreal) es el punto cardinal que indica,
sobre un meridiano, la dirección al Polo Norte. Es uno de los cuatro puntos
cardinales, situado diametralmente opuesto al Polo Sur. En el hemisferio norte,
se corresponde con el punto del horizonte cuya perpendicular pasa por la
Estrella Polar. A la ubicación o a la dirección norte se les llama
septentrional o boreal.
Septentrión
deriva etimológicamente del latín septentrión, -Onís, (septum, siete y trio, -Onís,
buey). Los romanos llamaban Septentrión ("siete bueyes" *) a las
siete estrellas que conforman la constelación popularmente conocida como
"El Carro", que es, supuestamente, la cola y las piernas de la Osa
Mayor.
Lo denominaban así por una creencia antigua que les hacía pensar que
siete bueyes tiraban permanentemente de la esfera celeste, haciéndola girar
sobre el eje que pasa por la Estrella Polar. La palabra no ha variado durante
este tiempo, y derivó a "septentrional" y "septentrión" con
el significado de "norteño" o "procedente del Norte".
Esta
palabra se usa en general para referirse al Norte y en particular para la Osa
Mayor, el polo Norte y también a cierto viento procedente del Norte.
Poema de “La obra de Rogelio Treviño"
Hay mujeres en la raíz de nuestro corazón
Que parecen guirnaldas
Madreselvas
Hay mujeres espinas
Hay mujeres que vivían y conversaban en
Nosotros
Mientras llegaba el tiempo
De definir su rostro
Antes del nacimiento
Hay mujeres en el espejo de la noria
Contemplando Las Pléyades
En el centro del patio
Al mediodía
Hay mujeres madre y mujeres nodriza
Hay mujeres de luz y mujeres de sombra
Hay mujeres de muerte y mujeres de vida
Hay mujeres de amor y mujeres de odio
Hay mujeres que mienten y mujeres que
olvidan
Hay mujeres de llanto y mujeres de risa
Hay mujeres que enlazan nuestros sueños en
el árbol del cosmos
Hay mujeres cosmos Hay mujeres vigilia
Hay mujeres durmiendo entre las hojas
Y mujeres despiertas en los frutos
De los bosques del mundo
Hay mujeres calladas y mujeres que hablan
Como aguas turbulentas...en la mañana suave
Y en la noche profunda
Hay mujeres del día solamente
Y hay mujeres de noche
Hay mujeres hombre y hay mujeres mujeres
Hay mujeres de horas y hay mujeres de
instante
Hay mujeres de sol y hay mujeres de luna
Hay mujeres de siempre y hay mujeres de
nunca.
Rogelio Treviño (1953 – 2012)




alguien me pudiera decir si el tuvo esposa he hijos?
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