Aportacion de: Ricardo Medrano C.
No
estoy dispuesta ni lo estaré nunca a celebrar el asesinado de
nadie.
Lo
que estoy es convencida de que quienes cometen delitos deben pagar por ellos de
acuerdo a las reglas jurídicas establecidas para quien incurre en conductas
antisociales. Que desde los asesinos hasta quienes comete peculado deben pagar,
como bien lo exige la ley, con la privación de la libertad y las multas
correspondientes.
Lo
mismo aplica para quienes utilizando el poder que les confiere un puesto
público, debilitan a las instituciones con el tráfico de influencias, llevan a
cabo negocios sucios, ejercen nepotismo, lavan dinero, o robustecen sus fortunas
personales dejando en quiebra a sus ayuntamientos y estados, traicionando a la
sociedad entera. El mismo rasero para toda la sociedad.
Dicho
lo anterior debo confesar que a mi, como a millones de personas, las
declaraciones que Humberto Moreira hizo hoy me dejaron pasmada. Y sí, seré
políticamente incorrecta, pero debo decir lo que muchos piensan y callan por
pudor. En medio de su auténtico dolor por la trágica muerte de su hijo, Moreira
es el mismo cínico de siempre. Declaró “Mi hijo es un muerto más de esta
guerra, unos desgraciados le dieron dos balazos en la cabeza”. Cuando el ex
gobernador que dejó a Coahuila en un estado financiero calamitoso, por no hablar
de la impunidad y violencia rampante, dijo estas palabras y acto seguido
aprovechó para asegurar que se le había calumniado, pero que esto sí, no lo va a
perdonar.
Y
debo decir que si su hijo fuera un muerto más de esta guerra, él
estaría como el resto de los padres y madres, haciendo fila, lleno de
ansiedad y angustia, para que la procuraduría estatal recogiera su caso antes de
los otros dos mil pendientes.
Si
su hijo fuera otro más no hubiera sido contratado por su tío como coordinador
regional de la Sedesol estatal.
Si
su hijo fuera una víctima más
de esta guerra, seis horas después de su asesinato no habrían 23 funcionarios
públicos federales coordinándose para llevar a cabo una estrategia de
seguridad.
Si
el padre de joven asesinado fuese un hombre común,
sin poder político (con averiguaciones previas abiertas y acusaciones sobre
corrupción y otros probables delitos), las autoridades federales no solamente le
hubiesen negado la ayuda, sino hubiesen dicho, como dicen de miles de jóvenes
pobres y desconocidos que han sido ultimados en pueblos del norte del país, que
seguro andaba en malos pasos, o de plano García Luna y Cárdenas Palomino lo
habrían tachado como un narco más en su larga lista de muertos acusados
falsamente.
Si
el hijo de Moreira fuese uno más
de esos miles de asesinados de esta guerra, Poiré, el mismísimo secretario de
Gobernación, no le hubiera tomado la llamada al padre. Tampoco hubiese
sucedido lo que sucedió: horas después de su muerte se conformó un grupo de
trabajo con autoridades estatales y federales que se comprometieron a esclarecer
los hechos a la brevedad posible, y castigar a los responsables. Si fueran
víctimas normales, como nos asegura Moreira, no se habrían reunido en menos
de seis horas Victoria Pacheco, la subprocuradora de Control Regional de la PGR,
con el General Luis Arturo Oliversen, Jefe del Estado Mayor Presidencial de la
Sedena y el Almirante José Santiago Valdés, Jefe del Estado Mayor General de la
Armada de México. Y como no es un joven común, sino el hijo de una
privilegiada clase política, también llegaron a esa pronta reunión el director
general del Cisen Jaime Domingo López (responsable de la Seguridad Nacional), el
Comisario de SSPF, Luis Cárdenas Palomino, y el comandante de la novena región
militar, el General Noé Sandoval.
Todas
las familias de jóvenes desaparecidos, asesinados y asesinadas en México saben
que las personas comunes van al Ministerio Público, pero antes rezan para que
las autoridades y algunos medios coludidos con ellas no publiquen algún mensaje
difamatorio que mande a su familiar asesinado al cajón de los “culpables a
priori” en los que la autoridad no desperdicia ni diez minutos porque descarta
su derecho como víctima y le somete al juicio sumario post-mortem sin derecho a
réplica.
Las
y los reporteros de este país hemos escuchado demasiadas historias de familias
desgarradas por el asesinato impune de sus hijos como para guardar silencio
ahora. Porque sin escatimar el dolor de la pérdida que sufre la familia Moreira
y la joven viuda, debo decir que este inmenso y desproporcionado despliegue de
los personajes más importantes de la seguridad nacional en tan pocas horas,
advierte el futuro que hemos de enfrentar. Todo parece indicar que los
favores que el presidente Calderón desde ya hace al PRI no tienen límites, y nos
recuerda justamente la razón por la que el país se cae a pedazos en lo
concerniente a derechos humanos e impartición de
justicia.
Porque
las madres y los padres de las cientos de jóvenes asesinadas en Chihuahua siguen
suplicado después de diez años, que la autoridad reúna lo que se reunió hoy por
la familia Moreira: los elementos técnicos, científicos y humanos de mayor
calidad para detener a los culpables de inmediato. Lo mismo las miles de
familias que han seguido su viacrucis justiciero con Sicilia.
Esto
nos lleva a preguntarnos, si las autoridades tienen esa capacidad de respuesta y
prometen esos resultados ¿por qué no funciona con todas las familias? Ya sé que
me dirán que porque este es un país de gobernantes corruptos y abusivos y la
justicia es para quien puede pagarla. Pero esa no es la respuesta que busco, es
simplemente un diagnóstico añejo y certero de las circunstancias; la pregunta es
válida, porque si efectivamente es posible trabajar en equipo, juntar a los
mejores elementos, llevar a cabo una análisis criminológico de alto nivel y dar
con los culpables de quienes en medio de un camino rural balearon a un joven
¿por qué no replicar esa estrategia y sacar al país del marasmo de muerte e
impunidad? ¿Por qué incluso en asesinatos de otros políticos no se dio este
nivel de respuesta?
He
visto a demasiadas familias, ricas, pobres y clasemedieras
honestas
sentadas en procuradurías y juzgados, llorando, restregándose las manos de
ansiedad y angustia, suplicando que la policía vaya a donde asesinaron a su
hijo o hija. A padres que me narran llorando cómo llegó antes el Ejército al
lugar de los hechos y de inmediato dijeron que dos balazos en la cabeza son
símbolo de ejecución y que “muy probablemente” la víctima estaba metida en
malos pasos.
No importa cuan corrupto sea un político, los
hijos no merecen pagar por los delitos de sus padres. José Eduardo no es la
excepción. Se equivocan quienes celebran su muerte como castigo a sus
familiares, este país lo que necesita es justicia, no venganzas ni odio. Pero
también necesita equidad jurídica. Moreira debería, como todo padre mexicano,
esperar respetuosamente detrás del otro padre coahuilense a cuyo hijo asesinaron
hace seis meses y a quien el procurador aun no recibe. Entonces si creeríamos
que su hijo es otra víctima más de esta guerra. Y debería preguntarse ¿qué
condiciones dejó él en el estado para que otros padres sufrieran lo que él
experimenta hoy?
Por: Lydia
Cacho.
Mi Reflexion
:::::: Dios mío , Dios mío …. Porque te hemos olvidado …..
Que tiempos los
que vivimos …. No de la casualidad , sino producto de lo que hacemos , creemos
y veneramos .
La cosa que más le
admire a mi abuelo en vida y le sigo admirando , fue su entereza como hombre ,
su noción de NO ser perfecto y de NO ser ni un ápice más que los demás ante los
ojos de Dios, el respeto que tenia a las letras de su apellido así como el
respeto y admiración que aquellos quienes lo conocieron sentían por él. Sin duda
un tesoro de muy poca valia comercial e infinita valia
espiritual.
Por lo general un hombre que tiene callos en
sus manos conoce el justo valor de la luz del sol , el valor de un taco y del
valor de su honradez o de su HONOR, donde su mayor aspiración es la de ganarse
la gracia de Dios y el respeto de los hombres . Porque esos hombres sabían que
la vida era para vivirse agradando a el único y verdadero Dios . Bajo sus leyes
y mandatos , temerosos de su ira y guiados por su legado , la sagrada escritura
.
Estamos sumidos en
un afán de procurar el poder sobre nuestro prójimo aun mas allá de nuestro
propio bienestar , salud y salvación.
No poseo la
calidad moral de ser yo quien tire la primera piedra para lapidarte pero Moreira
, el asesinato de tu hijo es tan solo el resultado de la corruptela e impunidad
que TU sembraste en tu mandato, que mi Padre Dios se apiade de ti y nos perdone
a todos nosotros porque con la vara que midamos seremos medidos y NO se puede
servir a dos amos cabalmente. “Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que
es de Dios” .
Pobre la suerte de
aquel hombre que ponga su fe en el Dinero , un Dios que se puede falsificar …..
Como decía el
viejo … “ de que sirve un hombre así …. Mas valía que se
muriera
Escuche:
Punto i el Punto informativo todos los dias de lunes a viernes de 6a 8 am por Kama 750AM
No hay comentarios.:
Publicar un comentario