El poeta errante: Gonzalo Rojas

El poeta Gonzalo Rojas nos ha dejado espléndidas metáforas y la certeza de que la sonoridad del verso puede convertirse en música, en ese otro mundo que prolonga al nuestro con sus ondas expansivas y que no es sino la cara más misteriosa del tiempo.

Hace unos días Alberto Blanco decía en estas páginas que el trato constante que los poetas tienen con las palabras los hacía confundirlas con las cosas. Estoy seguro que así es y también que los grandes poetas nos muestran que las palabras son cosas, cosas vivas, viento fuerte o aliento, resonancia que atrapa.

Ahora que se multiplican los poetas sin aire, sin ritmo, sin aliento, entusiasma escuchar en los versos de Gonzalo Rojas el palpitar de la poesía. La poesía fue para el poeta chileno siempre poesía de circunstancias, como quería Goethe. Según él, sin ser calca de los días, los poemas surgían de sus pliegues ocultos.
Rojas, el poeta del aire y del relámpago, de la oscura tierra y de la mujer que es una y muchas, fue el poeta del momento que al decirse ya pasó.

Según el escritor chileno, el poeta escribe “como si nada, como si todo”. Es similar a un instantero que a su paso forma días que son meses, que son años. Por eso el poeta deja testimonio de su tiempo. Tiempo que ni tropieza, ni se detiene, ni vuelve.

El primer registro que tengo de Gonzalo Rojas en México data de 1975, cuando publicó en el mes de mayo en la revista Plural, dirigida por Octavio Paz, “Arenga en el espejo”, “Cifrado en octubre, “Versículos” y “Liberación de Galo Gómez”.

El Poeta errante, Javier Aranda Luna., La Jornada, Abril 27 de 2011.

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