Recién esta semana tuve una linda
experiencia con mis nietos: Jeremy, Jeritza y Javi, (por cierto que curioso en
este momento me doy cuenta que los tres tienen la J en sus nombres), y
recostado con ellos a un lado de su brinca brinca instalado en el patio de
"La Casa de los Abuelos" mientras les hacia una reparación menor a su
juguete brincador, de manera espontánea y sin planear los tres a mi alrededor
les dije que les parece si platicamos un cuento, y en la improvisación se me ocurrió
decir que había un niña de nombre caperucita que le gustaban las manzanas que
le regalaba la abuela pero había un viejo lobo que se las quitaba, y de
inmediato Jeritza se paró y me dijo como caminaba caperucita y Jeremy me hacía
gestos y gruñidos de como hacia el viejo lobo, mientras Javi que todavía no
habla veía con atención a su hermana y primo.
Fue una sorpresa verlos como ya tienen información
en sus cabecitas que les permitió ilustrar la conversación con sus gestos e
inventiva con gracia de niños. Pronto Jeremy corrió a la cocina con la abuela pidió
manzanas para compartirnos y seguir conversando de este cuento que no tubo mas
final feliz que volvieron a subir a su brinca brinca para entre risas y saltos
festejarse la tarde, mientras tanto me quede observándome como un abuelo feliz recién
iniciado, y por lo tanto agradecido de estos momentos irrepetibles pero espero
siempre recordables.
Después de vivir esta linda tarde con los
nietos, me pareció oportuno compartirles también este artículo de nuestro
colega, colaborador y amigo Marcelo Palermo que nos comparte también su
experiencia de compartir una tarde muy peculiar de leche y café con su
amiguito, y sin pensarlo ya estamos de manera simultánea compartiendo los
nuevos pequeños ciudadanos de este mundo.
My conversations with Andre
Por Marcelo Palermo
La mesa de café está lista, mientras que los intelectuales que se aprestan a
sentarse alrededor de la misma traen consigo una pila de libros y revistas para
desglosar y, así, sacar conclusiones. Tras complicadas conversaciones, ellos
podrían hasta arreglar el mismísimo mundo, al menos el mundo que todos
conocemos, elaborando innumerables ideas desde esa mesa, allí en ese café…Bueno, de hecho esto ocurre muy a menudo en muchos lugares de nuestro mundo. muchos de nosotros hemos, seguramente, formado parte de alguna de esas mesas de café en donde amigos, intelectuales de diversos órdenes de la vida se juntan a conversar apasionadamente y sacar de sus pensamientos ideas para arreglarlo todo. Pero esas ideas, casi siempre, ¡mueren en la misma mesa de café! Es que ahí quedan esos sueños de ver un mundo mejor, simplemente porque arreglar el mundo es algo muy complicado. Al fin y al cabo somos adultos, ¡y por Dios que los adultos somos muy complicados!
Pues debido entonces a que hasta ahora ninguna solución compleja de adultos ha funcionado, recientemente, en la redacción de esta revista, conversé con Andre, un pequeños pero ávido conversador de 5 años de edad a quien le apasiona hacer preguntas y elaborar respuestas tan sencillas como geniales. Al escucharlo, entendí que como el viejo método de arreglar el mundo desde una mesa de café no funciona, al menos en la práctica, si bien seguiré con mis pláticas de café con amistades que sigan en su intento de componer este planeta, de ahora en más mantendré asiduas conversaciones con mi pequeño amigo Andre, él con un vaso de leche y unas galletas y yo, ¡pues con un buen expresso doppio y…también unas galletas!
Yo creo que todo estaría mejor en el mundo si nos supiéramos comunicar entre las personas. Pero de veras, es decir, no con palabras que no entendemos, sino como por ejemplo lo hacen los leones, los tigres o las panteras. ¡Sabes cómo rugen ellos?”, me preguntó Andre.
“¡Rooooaaarrr!, le respondí, en propio lenguaje leonesco, el cual lo aprendí cuando más o menos tenía la edad que ahora tiene Andre.
“¡Wow! ¿Puedes rugir así de nuevo?” repreguntó Andre.
¡Roooaaaarrrrr! respondí otra vez.
“¿Ves? Ahora, si pudiéramos todos entender el lenguaje de los leones, por ejemplo, les podríamos preguntar cómo se sentían en la selva y qué les parece cuando los encerramos en jaulas y los llevamos al zoológico. ¿Y si no les gusta el zoológico? Porque por ahí extrañan mucho, mucho, mucho la jungla, expresó Andre.
“Hmmm”, pensé, “muy profundo ese pensamiento, y creo que muy aplicable a nosotros los seres humanos”. Es así como el día posterior a mi primera conversación con Andre, decidí crear este espacio escrito, en el cual Andre y yo no intentaremos arreglar el mundo (¡lo prometo!) pero sí intentaremos entenderlo un poco mejor.
Espero que este artículo les guste, como dice Andre, “mucho, pero mucho, mucho”. ¡Bienvenidos a bordo!
Bueno, mi expresso doppio ya está listo y humeante. A diferencia de Andre, que ordenó un vaso de leche fría, yo tendré que aguardar unos 30 segundos antes de disfrutar mi café.
Y en esta ocasión, me encuentro particularmente preocupado por el elevado costo de la gasolina…
“Andre, ¿sabes que es cada vez más caro manejar desde la oficina hasta el café?9 le pregunté a mi joven amigo.
“Bueno, pero en realidad esta es la primera vez que venimos al café desde que hablamos en la oficina, ¿te acuerdas?” me respondió.
“Tienes razón, pero…¿sabes que la gasolina viene de los fósiles y sabes qué son éstos?” pregunté.
“¡Claro que sé! Sabes que, mira, los fósiles son dinosaurios muy pero muy, muy viejitos. Y como yo tengo muchos dinosaurios de peluche en mi casa, ¡quiere decir que tengo muchos fósiles jóvenes en mi cuarto!, me respondió.
“Bueno, es que los fósiles son algo más que dinosaurios viejitos. Éstos desaparecieron de la faz de la tierra hace muchos millones (de millones y millones) de años y, eventualmente, junto con otras sustancias, se fosilizaron. Y es de ahí de donde viene el combustible para autos”, le expliqué.
“Como yo lo veo, en lugar de haber dejado que los dinosaurios desaparezcan, tendríamos que haberles hecho sentir más cómodos en nuestro planeta para dejarles que se siguieran quedando. Dijiste que desaparecieron, pero, ¿dónde se fueron? ¿viven en otro planeta ahora?”, preguntó Andre, con incisiva inocencia.
“bueno, podríamos decir que la ciencia como que los resucitó de tiempo en tiempo, y ellos ahora viven, fundamentalmente, en nuestra imaginación”, le intenté convencer.
“Yo te puedo decir algo de seguro. Mi Tiranosaurio Rex, cuyo nombre es “Guasón”, vive en mi cuarto y duerme conmigo. No es tan grande como esos tiranosaurios que ves en las películas, esos que me dijiste que se fueron a otro planeta hace como muchísimos millones de años, ¿te acuerdas?, pero es un tiranosaurio, eso sí.
“Seguro que lo es. Y cómo sabe la leche que te pediste?, pregunté.
“Está buenísima y ya casi la termino, ¡pero no se me va a fosilizar en la panza eh!” fue la respuesta de Andre.
“¡Espero que no! Y tampoco espero que los precios de la gasolina se abaraten… ”, murmuré.
“Bueno, lo que tenemos que hacer es revivir a los dinosaurios que ahora están hechos fósiles y esperando a convertirse en gasolina. ¿no sería mejor resucitar un tiranosaurio o un velociraptor, hacernos amigos de ellos y usarlos a ellos para que nos lleven en lugar de tener autos? Por ejemplo, los brontosaurios podrían ser como el camión o el bus que te lleva a la escuela.
Así como le hacen en los dibujos animados…¡los Picapiedras! Estaría muy padre poder hacer eso hasta que encontremos otro combustible para los carros, como el agua o el aceite de canola, algo así”, observó Andre.
“Ajá. Déjame tomar nota”, le dije…
Yo y había acabado mi café expresso. Quizás haya sido uno de los que más disfrute en años. El vaso de leche de Andre ya estaba vacío también. Nos despedimos. El pequeño de 5 años me saludaba con sus manos tras preguntar si el encuentro se repetiría. “¡Desde ya que sí, necesito conversaciones de este estilo más seguido!” le aseguré.
Andre se fue alejando del café de la mano de Rafael, su padre, quien se acercó a recogerlo. A la distancia, podía yo observar como el niño seguía conversando, esta vez con su progenitor, quien parecía asentir con su cabeza a cada comentario de su pequeño pero locuaz hijo. Yo, mientras tanto, decidí quedarme un rato más en el café.
Gasolina, combustibles, agua, aceite de canola…si un pensante jovencito de 5 años puede simplificar las cosas de una manera en que ya no se vean complicadas, ¿porque nosotros, que nos decimos adultos, no intentamos algo parecido?
Concluyo diciendo que necesito conversar con Andre más seguido. Y todos los adultos en general deberían tener entretenidas y productivas conversaciones con los Andres del mundo.
My conversations with Andre
Por Marcelo Palermo
Many of us have probably been part of that ritual. I have. Yes! I am guilty as charged of trying to fix the world by implementing complicated ideas that will usually die on the very coffee table –from the very coffee shop- where they were born.
Why? Because they are too complicated! We are adults for God’s sake! And adults are, by nature, complicated. That is why, not letting the idea of living in a better world aside, I decided to try something
different.
Since hitherto complicated solutions have not worked, after having a conversation at this magazine’s offices with Andre Giovanni, a 5 year-old conversationalist who loves to ask and to elaborate simple –as great- answers, I decided that the old coffee shop world-fixing method does no longer work the way I thought it would.
So, I will, still, keep on having my coffee moments with a bunch of intellectual dreamers –just like me- but, in order to really believe that the elaboration of possible solutions is, well, possible, I will have coffee conversations with my little friend Andre more often. Andre, over a glass of milk and some cookies, me, over a cup of java and, as well, some cookies!
“I think that things would be better if we could actually communicate with each other. But, I mean, really. Like, say, for example, do you know how to roar like a tiger, a lion or a panther?” Andre asked me.
“Roaaarrr!” was my answer, in proper Lion-language, which I have learned approximately when I was Andre’s age.
“Wooow! Can you do that again?” Andre asked.
“Roooooaaaarrrrr!” I replied.
“You see? Now, if we could all understand the lions’ language, we could ask them exactly how they feel in the jungle and if they really like it when we cage them and take them to the zoo. What if they really don’t like it there? Maybe they really, really miss the jungle,” Andre replied.
“Hmm,” I thought, “deep, simply deep and quite applicable to us, humans…”
So ever since the other day –that other day when I first had a conversation with Andre- I decided to create this very space, where Andre and I will not try to fix the world, we will just try to understand it better.
I hope you “really, really” –like Andre says- enjoy this article. Welcome aboard!
Well, my expresso doppio is ready and steaming hot. Unlike Andre –whose glass of milk with chocolate is cold- I will have to wait around 30 seconds before enjoying my order.
I am concerned about the price of gasoline and the never-ending relationship that we humans have with gasoline…
“Andre, do you know that it is getting more and more expensive every day to drive from the office to the coffee shop?” I asked my young friend.
“Well, this is the first time we are coming here since the conversation we had at the magazine’s office,” he replied.
“Oh, you are right. Do you actually know that gasoline comes from fossils? Have you ever heard about fossils?” I asked again.
“Of course! You see, I know that fossils are very, veeeeeery old dinosaurs. And since I have lots of stuffed dinosaurs in my house, I have lots of young fossils right there in my room!” He explained.
“Well, you see, fossils are more than old dinosaurs, dinosaurs disappeared from earth many millions -gazillions of millions- years ago, and they eventually, along with other substances, got fossilized. And that is where our fuel –gasoil- comes from,” I explained to Andre.
“The way I see it, instead of letting dinosaurs disappear, we should have been able to make them feel more comfortable in our planet in order to let them stay. You said they disappeared. Where did they go? Do they live in another planet now?” Andre asked.
“Well, we could say that once science kind of resurrected them and ever since they even live in our imagination,” I replied.
“I can tell you something for sure. My T-Rex -whose name is ‘The joker’- lives right in my bedroom. He is not as big as those T-Rexes you see in the movies, the ones you told me they moved to another planet like many, many, but many, millions years ago? But he is a T-Rex,” Andre assured.
“He sure is. Say, how is your chocolate,” I asked.
“Almost gone. But it won’t get fossilized in my tummy!” Andre replied.
“Sure not buddy! As well as the gas prices don’t seem to get cheaper any time soon,” I said.
“What we should do is try to revive the dinosaurs that are now fossilized and waiting to be turned into gasoline. Why couldn’t we, for example, bring back a T-Rex or a Velociraptor, properly tamed for them to be our friends, and use them instead of using cars? Brontosauruses can be our buses like in that cartoon…The Flintstones! You see? If we do that, you wouldn’t be complaining about how expensive gasoline is nowadays. We can do that until we find other types of fuel for cars, like cars running on water or canola oil; something like that,” he observed.
“Hmmm. Let me scribble some words,” I said…
My espresso was gone. It was probably one of those little strong coffees that I have enjoyed the most. Andre’s chocolate beverage was gone as well. We said our goodbyes. The 5 year-old little man waved his hand and asked if we could have more of these conversations, more often. “Of course! I need these kind of enlightening conversations more often!” I replied.
Andre left the place holding Rafael’s hand, his father who came to pick him up right from his office across the street where the coffee shop is. From a distance, it seemed like Andre was conversing with his progenitor, who kept nodding to every comment his little son made.
Meanwhile, still in the coffee shop, I decided to keep on scribbling.
Gasoline, fuels, water, canola oil… If a thoughtful 5 year-old can simplify things in a way that they do not seem complicated anymore, why couldn’t us, so called adults, at least try to do something like that? My conclusion is that I need more conversations with Andre. And that all of us adults need to have hilarious talks with the Andres of the world.
caperucita, el lobo,
Andre y Marcelo Palermo en la cafeteria
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